“El editor de código ha muerto.”
Lo leo cada semana. Que con los agentes ya no hace falta abrir un archivo. Que tu IDE ahora es un chat.
Yo uso Neovim más que nunca.
Te pongo un caso real.
Estaba en mis dotfiles, dentro de la config de Herdr. Quería cambiar un atajo: abrir LazyGit con prefix + G, en vez de prefix + Ctrl + G.
Una tontería de cambio.
Si se lo pides así, a pelo, a un agente, se pone a abrir archivos y a leer. Y quema tokens buscando algo que yo ya sabía dónde estaba.
Así que seleccioné las líneas en Neovim y pulsé `Y` mayúscula.
Ese atajo me lo hice yo. Copia la ruta del archivo, las líneas y el código, listo para pegar.
Se lo pasé al agente con una frase y fue directo al sitio.
Fue el cambio más rápido del día.
Porque el editor hace que el agente trabaje mejor. Tú sabes dónde está el código. Díselo.
Y fíjate en una cosa: ese atajo no lo trae ningún editor. Me lo inventé yo, porque trabajo así.
Eso es lo que casi nadie aprovecha de Neovim. Te haces el editor a tu medida, en vez de pasarte años adaptándote al que te vino de serie.
El problema es que antes eso costaba fines de semana enteros aprendiendo Lua y peleándote con la config.
Ahora no.
En mi último vídeo parto de un nvim recién instalado, vacío, y acabo con mi IDE completo. Me llevó tres prompts y unos 20 minutos, y no escribí ni una línea de Lua.
Y a mitad de camino el agente hizo algo que yo, configurando a mano, habría descubierto una semana tarde.
Te lo enseño todo aquí:
Cuando lo veas, cuéntame en los comentarios: ¿sigues abriendo el editor o ya vives dentro del chat del agente?

